Francisco de Goya ocupa un lugar esencial en la historia del grabado. A lo largo de su trayectoria, encontró en la estampa un medio de expresión libre, experimental y profundamente personal. Frente a la pintura por encargo, el grabado le permitió explorar ideas, críticas y visiones que trascendían los límites de la representación oficial. Dominó técnicas como el aguafuerte, la aguatinta, la punta seca o el buril, combinándolas con una audacia inédita para ampliar los recursos expresivos de la imagen impresa.
Sus grandes series — Caprichos (1799), Desastres de la Guerra (1810-1814), Tauromaquia (1816) y Disparates (1815-1819)— constituyen un corpus excepcional en el que arte y pensamiento se funden. En ellas, Goya reflexiona sobre la sociedad de su tiempo, la violencia, la superstición, la razón y la condición humana. Más que ilustraciones, sus estampas son declaraciones visuales que anticipan la modernidad. En esta sala, el visitante puede descubrir a un Goya innovador y crítico, para quien el grabado fue un territorio de libertad creativa.