Los Caprichos es una de las series más influyentes y audaces de Francisco de Goya. Compuesta por 80 estampas, constituye una crítica mordaz a los vicios, supersticiones y contradicciones de la sociedad española de su tiempo. A través de escenas satíricas, figuras grotescas y situaciones ambiguas, Goya denuncia la ignorancia, el abuso de poder, la corrupción moral y la hipocresía social.

El artista combina aguafuerte y aguatinta con una libertad técnica innovadora, utilizando contrastes dramáticos de luz y sombra para intensificar la dimensión simbólica de las imágenes. La célebre estampa El sueño de la razón produce monstruos sintetiza el espíritu de la serie: cuando la razón se adormece, surgen los fantasmas de la irracionalidad.

Más allá de la crítica inmediata, los Caprichos inauguran una nueva forma de entender el grabado como espacio de reflexión intelectual y expresión personal, anticipando la sensibilidad moderna.

Esa actitud ilustrada llevó a Goya a plasmar en imágenes críticas su visión de la realidad española, pero al mismo tiempo fácilmente generalizables a otros contextos por ser muchos de ellos defectos universales, pues, como decía en su anuncio del Diario de Madrid, quería “destacar entre la multitud de extravagancias y desaciertos que son comunes en toda sociedad civil, y entre las preocupaciones y embustes vulgares, autorizados por la costumbre, la ignorancia ó el interés, aquellos que ha creido mas aptos á subministrar materia para el ridiculo, y ejercitar al mismo tiempo la fantasia del pintor”.

Mezcla Goya lo ilustrado y lo popular, referencias a obras teatrales y literarias, y a sucesos de la época que tuvieron gran eco en los periódicos, para hacer una crítica satírica y moralizante de vicios y defectos presentes en la sociedad española de la época. La crítica ilustrada se dirigía contra la superstición y la ignorancia populares y contra los estamentos privilegiados (nobleza, clero regular), improductivos económica y socialmente. También destacaba la incompetencia de grupos profesionales y políticos, y los vicios y defectos de la sociedad: la prostitución, el matrimonio de conveniencia, la mala o nula educación de la mayoría de los niños españoles de la época, la violencia que habitualmente se ejercía sobre ellos, la hipocresía, la falta de conmiseración, etc. Además, se fustigaba a la Inquisición, institución denostada por los ilustrados y encargada de la represión de cualquier desviación religiosa, moral o ideológica, y la brujería, tema relevante en la serie. No faltan asnerías, para criticar a maestros y médicos ignorantes, nobles que explotan con sus rentas y derechos señoriales a los campesinos, a los fatuos mecenas de las Artes como Godoy, etc.

Tercera edición (1868), Calcografía Nacional.